Las palabras de Malik Ibn Benaisa se entienden perfectamente. Si algo hay que reconocer a este estudioso del Corán es que las frases que pronunció hace unos días en una mezquita de Ceuta no dejan lugar a la duda. Son tan claras y cristalinas como los silencios y matizaciones de los responsables de organizaciones islámicas que caminan por la misma senda que Benaisa. Es un camino que no corre en paralelo a la Constitución, sino que se aleja haciendo uso de un vehículo, el Corán, que no es necesariamente contrario a la legislación española ni a la de ningún otro país civilizado. En el caso del verdadero Islam, del Cristianismo, del Judaismo, del Hinduismo... ningún ciudadano melillense ni de ningún otro lugar de nuestro país se verá nunca obligado a elegir entre renunciar a su fe o violar el Código Penal. Es una encrucijada falsa en la que algunos quieren colocarnos para reforzar su poder a costa de nuestros derechos.
Si una mujer sale a la calle perfumada es porque le apetece hacerlo y porque no hay ninguna ley que lo impida, como tampoco existe una prohibición similar para los hombres. Es cierto que puede haber quien se moleste por este comportamiento. Si es así, está en su derecho de mostrarse personalmente en desacuerdo con estas prácticas. Lo verdaderamente reprochable es que para criticar esas modas o costumbres alguien no tenga más argumento que el que pueda encontrar en una determinada religión a base de reinterpretar y descontextualizar fragmentos de un libro sagrado.
En esencia todas las religiones, cada una a su manera, predican el mismo mensaje: El hermanamiento de los hombres, la igualdad de las personas y el amor desinteresado por el prójimo. Precisamente es lo contrario de lo que buscan algunos individuos que existen en todas las religiones: La discordia entre los hombres, la sumisión de unas personas sobre otras y la difusión interesada de mensajes tergiversados. Descubrir a estos individuos y desenmascararlos es lo que permite que una sociedad evolucione y que sea más pura la ética o la religión sobre la que asentar su progreso.
Si el dios en el que cada persona cree o el profeta que nos hizo llegar su mensaje pudiera dirigirse directamente a cada uno de nosotros es seguro que no sería para hablarnos de pantalones vaqueros, cejas depiladas, tatuajes o dientes de esta o aquella manera. Aprovecharía para recordarnos el mensaje profundo que está recogido en el libro sagrado de cada religión: Amor, repeto y fe. Ningún estudioso del Corán, la Biblia, la Torá, los Vedas... debería olvidar cuál es la esencia de estos libros sagrados.
Afortunadamente, la mayoría de los melillenses llevamos dentro de nosotros una tradición de tolerancia hacia las creencias del prójimo que convierte a nuestra sociedad un ejemplo de respeto y multiculturalidad acostumbrada a prestar sólo atención a lo verdaderamente importante.