Categorías: Editorial

La ‘tweetredada’

EL Ministerio del Interior informó ayer de la detención de dos pasajeros que viajaban en el barco de Melilla a Almería... ...con el estómago a reventar con cerca de kilo y medio de bellotas de hachís.
La detención de los ‘muleros’ fue posible gracias a una llamada telefónica que alertó a los agentes de la UDYCO de la intención de los dos traficantes de origen magrebí de desembarcar en el puerto almeriense.
Este tipo de avisos ha sido alentado por la Policía Nacional a través de una campaña llamada #tweetredada que se puso en marcha el año pasado con una dirección de e-mail (

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) en la que los ciudadanos pueden compartir, de manera anónima, información sobre el tráfico de estupefacientes en sus ciudades y barrios. Desde entonces, los agentes han recibido cerca de 12.000 correos y han sido detenidas por narcotráfico 350 personas.
Lo que podría haber sido una iniciativa ‘snob’ ha dado sus frutos. En todo el territorio nacional la ‘tweetredada’ ha permitido, además, que se desarticulen laboratorios de producción ilegal de droga, se cierren establecimientos comerciales, bares y pubs en los que el trapicheo era el pan nuestro de cada día y, sobre todo, que se desmantelen infinidad de puntos de venta de estupefacientes al menudeo.
Y todo, gracias a la colaboración ciudadana. Eso no quiere decir que ahora los españoles de a pie vayan a hacer el trabajo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Se trata de no mirar para otro lado. Así lo han explicado en alguna ocasión, a través de las páginas de este periódico, agentes del servicio Búho de la Policía Nacional. Ellos creen que si cada melillense que presencia un delito da parte a los agentes, es más fácil detener al infractor e incluso obligarlo a abortar sus intenciones de delinquir.
Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, mientras, sigue haciendo su trabajo. De hecho, la mayoría de los decomisos de droga, practicados por la Guardia Civil, por ejemplo en el Puerto, se han hecho a través de controles rutinarios con los que se han interceptado en la ciudad más de 2.000 kilos de hachís.
Llama la atención que Melilla con sus 12 kilómetros cuadrados y con más facilidades para el intercambio cara a cara, sea de esas ciudades en las que las redes sociales funcionan, y muy bien, como canal de información y debate. Hay partidos políticos de la península que sólo se acuerdan de Twitter cuando llegan las elecciones: En Melilla el intercambio virtual da de sí.
La afición a las redes sociales que hay en la ciudad vale también para poner freno a la delincuencia. Los cacos deberían temer ya a la ‘tweetredada’.

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