El jazz inunda de espontaneidad la plaza Menéndez Pelayo y la Avenida

  • Las XXI Jornadas de Jazz dieron comienzo ayer con el concierto callejero de la New Orleans Jump Band

  • Asociaciones como Activas Melilla o Tripleta instalaron estands de venta e información en el lugar

Se suele pensar que el jazz es un tipo de música destinada a un público minoritario. Las radios españolas, por ejemplo, no acostumbran a intercalar entre el reguetón y los éxitos del pop internacional a Miles Davis, Charlie Parker, Billie Holiday o Louis Armstrong. No obstante, cuando se escucha de verdad, esta combinación de cultura negra y ritmos occidentales, puede ser un género tan disfrutable y bailable como otro cualquiera.

La afirmación quedó demostrada ayer en la plaza Menéndez Pelayo y la Avenida Juan Carlos I, a la altura de sus inmediaciones. Por allí, a partir del mediodía, pasaron decenas de personas que se dejaron contagiar por el entusiasmo y la diversión de un espectáculo musical tan talentoso como espontáneo. A la New Orleans Jump Band, el grupo encargado de levantar el telón de las XXI Jornadas de Jazz Claudio Cifuentes, no le hacen falta escenarios ni complejos equipos de sonido para transmitir la visión desenfadada con la que perciben un género tradicionalmente serio.

La banda, en la que se conjugan  el arte de lugares como el Reino Unido o los Países Bajos, dará hoy una nueva oportunidad a aquellos rezagados que aún no sepan que Melilla, esta semana al menos, respira jazz y cultura. De esta manera, a las 12:30 horas, los cinco componentes estarán, acompañados por sus instrumentos, en la plaza Pedro de Estopiñán, en Melilla La Vieja.

Asociaciones

La New Orleans Jump Band, conviene indicar, no fue la única agrupación que dio color a Menéndez Pelayo en la mañana de ayer. Así pues, Tripleta Asociación de Artistas y Artesanas, la Asociación de Mujeres Empresarias y Emprendedoras de Melilla (Activas) y Melilla Acoge dispusieron en el lugar una serie de estands en los que informaron de sus actividades y, en algunos casos, pusieron a la venta sus productos. Mención especial merece la confección de una alfombra que se regaló al término de la jornada. Asimismo, tres estatuas humanas de aspecto bizarro, asustaron, con gracia y simpatía, a los aventureros que tenían a bien regalarles unas monedas.

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