Opinión

El paseíllo de Eduardo de Castro

Agentes de la Policía Local de Melilla dieron este viernes al presidente de la Ciudad, Eduardo de Castro, el recibimiento que ningún político querría tener. Más de una decena de afiliados al Sindicato Profesional de Policía Local de Melilla lo esperó a las puertas del pleno de la Asamblea con camisetas negras y portando carteles en los que le recordaron la polémica que le persigue desde que a primeros de agosto de 2019 el Parlamento local aprobó a su favor, con los votos de PSOE y CpM, un sueldo de 79.598 euros al año, el máximo permitido por ley para el tramo de población de una ciudad como Melilla.

Ahora, en el ecuador de la legislatura los policías le piden que con la misma agilidad con que apoyó la aprobación de su nómina abultada, atienda los reclamos que le hacen desde el Cuerpo Local y que tienen que ver con un compromiso alcanzado con el Gobierno de Juan José Imbroda en el tramo final de la pasada legislatura. Se refieren al acuerdo del Consejo de Gobierno del 17 de mayo de 2019 que contempla la equiparación salarial de los agentes municipales con el resto de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad destinados en la ciudad.

De Castro no entiende por qué los policías locales aprovechan la crisis de gobierno en Melilla para reivindicar el cumplimiento de los compromisos adquiridos y acusa a los agentes de estar instrumentalizados por el PP.

Cualquier sindicalista podría explicarle a De Castro por qué este momento es el idóneo para amargarle la vida. Aunque su presidencia siempre ha estado cogida con pinzas, hoy De Castro es más débil. Hasta a él le traicionó su propio subconsciente y en la comparecencia ante la prensa tras el pleno habló de que cuando se tenga que ir, en lugar de cuando tenga que jubilarse.

Si bien es cierto que no es la primera vez que el presidente tiene el picaporte de la puerta al alcance de la mano, este momento es delicado y él lo sabe. Por tanto, es normal que los sindicatos aprovechen su debilidad para hundir aún más en el barro a quien no ha movido un dedo para solucionar sus problemas hasta el punto de que el caso ha llegado a los juzgados. Los agentes han denunciado a la Ciudad por el incumplimiento de los compromisos adquiridos en 2019 y esperan que el juicio se celebre antes de que finalice el año.

De Castro cree que el recibimiento que le dieron este viernes los policías responde a que los agentes están instrumentalizados por el PP de Imbroda. ¿Es que no es justo que un policía local cobre lo mismo que un policía nacional o un guardia civil? Qué rápido se nos ha olvidado lo que montaron los agentes locales en Melilla en 2015.

Evidentemente es más fácil achacar la actitud de los efectivos policiales a un enemigo externo que afrontar la situación y sentarse a negociar una salida al problema. No es de recibo que se firme una cosa con un gobierno y que el entrante tire los acuerdos a la basura porque eso va en contra de la salud democrática de nuestro sistema.

Los sindicatos deberían tener la certeza de que gane quien gane las elecciones, se respetará la palabra empeñada por el Gobierno como institución y por tanto se cumplirán los acuerdos alcanzados.

Ha pasado lo mismo con los sueldos de la Guardia Civil. Tras los disturbios del 1 de octubre de 2017 en Cataluña, las asociaciones de la Benemérita reivindicaron lo que llevaban años reclamando: la equiparación salarial con Policía Nacional y Mossos d’Esquadra.

Al Gobierno de Rajoy no le quedó más remedio que comprometerse con los guardias civiles y aprobar aumentos de sueldos progresivos en varias anualidades. Tras la moción de censura, PSOE y UP no han respetado el acuerdo. Y las asociaciones se han tirado a la calle. Ahí está la manifestación de AUGC del 18 de septiembre en Madrid. ¿Lo han hecho instrumentalizados por el PP? Imposible. Lo hacen por ellos y por sus familias.

Hay que comentar, sin dudas, el paseíllo que De Castro hizo este viernes entre los policías locales. Lejos de pararse a hablar con ellos y proponerles una reunión, el presidente de Melilla ni los miró. Los ignoró y atravesó el pasillo con una soberbia que no debe permitirse ni el alcalde más votado de España.

Esa es la política que se hace en esta ciudad. Para colmo nos enteramos por el propio De Castro de que conflictos como el de la elección del presidente de Inmusa se solucionó en el grupo de WhatsApp del Gobierno. Si viviéramos en Madrid podríamos entender que nuestros políticos resuelvan los malentendidos por mensajería instantánea, pero en una ciudad de 13 kilómetros cuadrados, hay que mirarse a la cara; hay que pedir explicaciones y explicarse. Eso es posible, viable y recomendable.

WhatsApp es muy funcional, pero no admite los matices de la comunicación no verbal; de la cadencia de la voz o la mirada. En un Gobierno de coalición es importante que los políticos hablen entre ellos, planteen sus dudas y resuelvan sus diferencias. Eso evitará que lleguen a un punto de no retorno, especialmente en estos momentos en los que, según fuentes solventes, hay mosqueo en el PSOE por el acercamiento de Mohamed Mohand a CpM.

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