Opinión

Carta desde la Purísima Nº 45

La “Carta” de hoy, la escribe un soldado del Batallón de Figueras nº 6, y por el contenido de la misma, debiera llevar por título: “Una Historia que pudo ser inventada”, y dice así:

Queridos melillenses: Me llamo Cesáreo Blázquez Hernández, y pertenezco al Batallón de Figueras nº 6. Les estoy escribiendo desde el sepulcro de una niña muy bonita, arrodillada en un cojín de mármol, junto a mi compañero, Elías Agusil Amorós. Él cayó muerto en Sidi Musa, el 23 de julio de 1909, y yo en el Zoco de Beni Bu Ifrur, el 30 de septiembre del mismo año. Elías, por las heridas que sufrió en la cabeza, no se acuerda del nombre del pueblo donde nació, pero sí de que tiene esposa, y un hijo de corta edad; aunque por su forma de hablar, y de citar lugares, intuyo que su madre lo trajo a la vida cerca de mi pueblo: Hoyorredondo, en la provincia de Ávila. Elías, a pesar de las lagunas en su memoria, me ha contado una historia, que yo ignoraba, pero comentándola con varios compañeros, creo que pudo ser real. Resulta: Que en la mañana del 29 de julio de este año de 1909, se presentó en el Campamento de la 2ª Caseta, el cabo de nuestro batallón, Mateo Terrón Presumido, declarando que estuvo prisionero de los moros, desde nuestra retirada, el día 23, y obligado a vestir una chilaba parda, y recoger muertos y heridos del enemigo, en el campo de batalla; y también a tomar parte, en contra de su voluntad, en el combate del 27, en favor de los moros. Pero él dijo, como disculpándose, y entristecido, que solo disparaba contra las piedras, y jamás contra sus compañeros. A la mayor oportunidad que tuvo, pudo escapar, y como ya digo, después de deshacerse de la chilaba, se presentó en el Cuerpo de Guardia del Campamento, y explicó todo lo que, según él, le aconteció durante su corto cautiverio. Ante la duda, y en espera de que se aclarase el suceso, lo ingresaron en un calabozo. Mateo Terrón nació en Zarza la Mayor, un pueblo de la provincia de Cáceres. Muchos compañeros nos dicen, que esta aventura salió publicada en el periódico de la ciudad. Desde la Bóveda de la Cofradía de la Soledad, en la Iglesia de la Concepción, acaba de presentarse el Cadete José Miguel Sancho Zazo y Berdiel, de las antiguas Compañías Fijas, y nos dice, que en los años que él prestó servicio en la Plaza, en el siglo XVIII, también era costumbre del enemigo capturar a incautos soldados españoles, para esclavizarlos, y que trabajaran en sus huertos; incluso algunos desterrados (presos), cuando se evadían del Penal. Este Cadete dice que cayó en las murallas, en defensa de la Plaza, el día 7 de marzo de 1775, cuando el famoso Sitio. También el soldado, Pedro Monteyo de Módena, del Regimiento de Infantería de Nápoles, que cayó en la Rampa de la Florentina, cinco días antes que el Cadete Sancho Zazo, también está de acuerdo con esa afirmación.

Todos los que estamos aquí reunidos, a los pies de la diosa Niké, nuestro Ángel de bronce, les damos infinitas gracias por leernos, porque así sabrán nuestros nombres, las unidades donde pertenecimos, y los lugares donde caímos en la defensa de nuestra ciudad. Reciban un fuerte abrazo, con nuestro cariño más sincero”.

El 19 de marzo, se cumplieron 248 años, el Emperador marroquí, Sidi Mohamed, abandonó el Sitio que puso a nuestra ciudad, y sería muy “laudabilis”, ergo benemérito y plausible, por parte de las autoridades, tanto civiles, como militares, que se les hubiesen rendido unos sencillos honores a los 90 españoles: 88 soldados y desterrados, una mujer, María de Mora, y el niño, grumete, Calixto Gil, que cayeron en su defensa, durante esos cien días. Yo, mediante estas humildes “Cartas”, iré nombrando uno a uno a aquéllos defensores de los famosos cien días, como a todos los que figuran sus nombres en las relaciones de caídos en defensa por nuestra ciudad, durante más de cinco siglos. Esa es mi modesta forma de honrarlos y rendirles los honores que todos ellos se merecen.

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