El Boletín Oficial del Estado (BOE) publicó ayer el anuncio por el que se inicia el proceso de licitación de las obras de mejora del paso fronterizo de Beni Enzar. El proyecto, que requerirá una inversión de unos dos millones de euros, busca incrementar la fluidez y seguridad en el principal punto de entrada y salida de Melilla hacia Marruecos.
Aún estamos lejos de contar con un puesto fronterizo como los que son habituales en otros puntos de la Unión Europea, pero ayer se dio otro paso en la buena dirección. Contar con una infraestructura que dignifique el trabajo de nuestros policías y guardias civiles es importante no sólo para estos funcionarios públicos sino también para las miles de personas que transitan por ese lugar a diario. Además, servirá para borrar de la imagen calamitosa que ofrecen de nuestro país unas instalaciones como las de Beni Enzar.
Antes del próximo verano, cuando aún no hayan llegado a Melilla los primeros vehículos y pasajeros de la OPE, está previsto que las obras estén totalmente concluidas. Sin embargo, este proyecto por sí sólo no será suficiente para dotar a nuestra ciudad de un paso fronterizo digno. Aunque resulte evidente y parezca innecesario recordarlo, no servirá de nada todo este equipamiento si no va acompañado de la necesaria y constante inversión en personal. Por lo tanto, los dos millones presupuestados para los trabajos no son el punto y final. Son el inicio de una apuesta por el progreso de Melilla que se quedará en nada si no se cuenta a diario con la plantilla necesaria de guardias civiles y policías.
Lógicamente, Marruecos también tiene algo que decir en el asunto de la frontera. Aunque no esté en disposición de realizar una inversión de similares características o no la considere necesaria, su colaboración es imprescindible. Al margen de las posibilidades económicas de nuestros vecinos, será importante ver hasta qué punto están interesados en contar con una frontera fluida. Para empezar a dar sentido a las obras que se harán en Melilla, Marruecos debería despejar de inmediato la denominada ‘tierra de nadie’, retirar a sus agentes y aceptar el control y la autoridad conjunta de esa franja de terreno. Pocas cosas más importantes pueden hacer nuestros vecinos para contribuir a la seguridad y fluidez en el tránsito entre ambos países. Así es siempre que ése sea un objetivo compartido por España y Marruecos y que las relaciones entre los gobiernos de ambos estados sean tan excelentes, magníficas y admirables como no se cansan de repetir en el Ministerio del Interior.